miércoles, 20 de enero de 2016

R.D.C. SAN FRANCISCO




2 Meses después

Salgo de la oficina con ganas de llegar a casa y sumergirme en la bañera. El viento gélido, me hace esconder la cara buscando el calor de la bufanda de lana que llevo alrededor del cuello. El cielo está gris y encapotado, talmente parece que vaya a nevar de un momento a otro. Definitivamente, el invierno ha llegado antes de tiempo y, viene para quedarse una temporadita. A pesar del frío que hace, recorro la distancia de la oficina al apartamento andando. Desde que llegué, lo hago cada día. Algo así como una rutina impuesta para poder esparcer la mente antes de llegar a casa y dejar los agobios del trabajo por el camino. Aunque pocas veces lo consigo. El trabajo aquí es agotador, un caos continuo que por momentos consigue que mi moral esté por los suelos. Me fastidia reconocerlo, pero egoistamente echo mucho de menos trabajar codo con codo con Daniel. Todas las responsabilidades recaían sobre sus hombros y no sobre los míos y la mayoría de los días al salir del despacho me sentía liberada, no como ahora que toda la mierda y el estrés me acompañan constantemente.
Llego a casa y dejo todos los bártulos en la habitación del despacho, para a continuación ir al baño y poner a cargar la bañera. Echo sales en el agua y, unas pelotitas de gel efervescente que según pone en la etiqueta, son relajantes. Mentira cochina, porque cuando salgo del baño, no me siento relajada para nada. Aún así las uso porque me dejan la piel muy suave y tiene un olor a coco que me encanta. Pongo música y saco de la nevera una botella de vino para servirme una copa y llevármela conmigo al baño. Si, otro ritual más. Dejo la copa en el suelo, junto a la bañera, me quito la ropa y me sumerjo en el agua caliente y perfumada. Dios, que bien sienta, lástima que este bienestar, solo dure una hora como mucho. Justo el tiempo que tarda en empezar a enfriarse el agua.
Ya han pasado dos meses desde que me mudé. Dos meses en los que solo hablo con Daniel por motivos profesionales. Dos meses en los que cada noche, cuando cierro los ojos para entregarme a morfeo, lo tengo presente en mi mente. Ni una sola noche se ha movido de ahí, lo tengo tatuado en mi cerebro y, también en mi corazón. Que conste que tampoco he intentado olvidarme de él. Si, soy masoquista y me encanta regodearme en el dolor que siento al volver a recrear en mi mente una y otra vez los buenos momentos vividos junto a él. Dos meses en los que apenas tengo vida social. Más que nada, porque todavía no tengo la confianza suficiente para salir con nadie, además, creo que solo me ven como la jefa y, no como una compañera más. Y eso que he cambiado el chip y mi actitud, para nada tiene que ver con la que por norma general tengo. Esa en la que yo misma me obligaba a no relacionarme con mis compañeros porque iba a lo mío y punto. Pues esa actitud, se ha quedado en Manhattan con la Olivia mojigata y virginal. Dos meses en los que Rebeca ha venido a verme un par de fines de semana y, nos lo hemos pasado bestial. Puede que esos dos fines de semana, sean los únicos en los que realmente, he disfrutado de estar aquí en San Francisco. Es que Rebeca es mucha Rebeca y hasta el momento es la única que consigue hacerme reír a mandíbula batiente con los jugosos cotilleos que me trae. Mi radio patio particular, cuanto la echo de menos… Dos meses en los que la única noticia que tuve del “Lust”, fue una carta en la que se nos comunicaba a todos los miembros que el club, se establecería de forma permanente en Nueva York. Y que mientras se llevaran a cabo las obras de adecuación del local, quedaban suspendidas las reuniones hasta nuevo aviso. Y según mi amiga, el nuevo aviso había llegado hoy. El “Lust”, abriría sus puertas la noche de fin de año, con una fiesta espectacular con motivo de su inauguración. Quedaban exactamente dos semanas para dicho evento, y yo, ya estaba cardíaca perdida por dos razones.
La primera, que dentro de una semana, viajaría a Manhattan para asistir a la fiesta que Daniel daba con motivo de la celebración navideña. Lo que implicaba tener que verle y estar con él sin aún haber salido de dudas respecto a su doble identidad. Y la segunda, no tener más cojones que ir a la fiesta de fin de año del club si por fin quería esclarecer esas dudas de una maldita vez. Así que si, estoy que me llevaban los demonios por lo que se me viene encima. Lo único que realmente me satisface de mi próximo viaje a Manhattan, es volver a ver a todos mis compañeros, a los que por cierto, y por raro que pueda parecer, también echo de menos.
El agua empieza a estar fría, y si no quiero correr el riesgo de pillar un resfriado o, de que me salgan escamas y me convierta en sirena, tengo que salir. Me pongo un albornoz y me seco el cabello. No tengo ganas de peinarlo con la plancha, así que hoy, se va a quedar así, rizadito. Después, me unto el cuerpo con crema hidratante y me pongo el pijama. Voy a la cocina y, busco en la nevera algo que llevarme a la boca. Algo que ya esté hecho, porque no me apetece nada de nada ponerme a cocinar. Al final, visto que no tengo comida sobrante por ningún lado, decido hacer un simple bocadillo. Me siento en el sofá con las piernas cruzadas estilo indio y, lo devoro viendo la televisión. Más tarde, cuando estoy a punto de acostarme, suena el teléfono. Sorprendida, miro la pantalla y, ¡no me lo puedo creer! Es él…
Señor Dempsey —digo
Buenas noches Olivia, ¿estabas dormida?
No. ¿Ha pasado algo?
No, no…
¿Entonces por qué me llama?
Bueno, necesito saber si la próxima semana vendrás a la fiesta de navidad. Los del catering quieren saber más o menos cuántas personas seremos.
¿Y no podría haberme llamado mañana? Es tarde…
Si, pero aún no estabas dormida.
Pero podría haberlo estado.
Mira, ya veo que ha sido una equivocación llamarte personalmente. Tendría que habérselo encargado a Rebeca, al fin y al cabo con ella hablas todos los días ¿no?
Hablo con quien me apetece.
Ya bueno. ¿Vendrás o no?
Si. Claro que iré, puede usted contar con mi asistencia.
Bien, entonces nos veremos la próxima semana.
Claro. Hasta la semana que viene.
¿Olivia?
¡¡Qué!!
Te echo de menos nena… —Cuelgo el teléfono sin darle la oportunidad de seguir hablando.

¿Qué narices me está pasando? ¿Por qué vuelvo a ser tan borde con él? No sé por qué leches siento tanta rabia en mi interior. Es oírle hablar y un no se qué recorre mi cuerpo llenándome de un coraje para el cual no encuentro explicación. ¿O si? Siempre hay algún motivo para que una se sienta así. Quizá en mi caso sea seguir amándole a pesar de todo. Con un hondo suspiro de frustración, apago las luces y me acuesto. Daniel lo hace conmigo. Ahí, alojado en mi mente. Como cada día.
Estos días de diciembre, hay mucho trajín en la oficina. Demasiado. Es todo culpa de las malditas fiestas navideñas. A todo el mundo le entra el apurón a última hora y tengo la mesa llena de pedidos y papeles de ventas por comprobar. Por no decir del caos que reina en la planta baja, el almacén. No paran de llegar pedidos de la central y los pobres no dan abasto. Y encima, mañana tengo que coger un vuelo a Manhattan para asistir a la dichosa fiesta. El señor Dempsey, ha querido darme unos días de descanso con esto de las fiestas, pero como yo no tengo familia con la que celebrar nada de nada, pues no he aceptado. Prefiero regresar aquí y poner al día todo este caos que me rodea. Al menos al estar sumergida en el trabajo, me mantendrá ocupada y, me dejará menos tiempo para pensar. El intercomunicador de mi mesa suena. Cada vez que lo hace, me acuerdo de la conversación entre Daniel y su hermano y, se me ponen los pelos de punta. No acabo de superarlo.
Señorita Murray, tiene una llamada por la línea tres.
Gracias Liseth, ya la cojo. —Que mal llevo esto de tener una secretaría. No consigo acostumbrarme a ello.
¿Hola? —Digo descolgando el teléfono.
¡Hola desaparecida! Hace días que no sé nada de ti. ¿Tan ocupada estás que ni siquiera tienes tiempo de contestar mis mensajes?
Lo siento Rebeca, pero si, lo cierto es que esto desbordada de trabajo y apenas me queda tiempo para respirar.
Muy mal querida amiga. Hace poco más de dos meses que te fuiste y ya empiezas a olvidarnos.
No digas tonterías rubi, sabes que no es así. Mañana cuando llegue te compensaré invitándote a cenar, ¿te parece bien?
Por eso te llamaba. No me has confirmado la hora de tu llegada y no pienso estar esperándote todo el día en el aeropuerto. Así que dime, ¿a qué hora llegas?
¡Es verdad, que cabeza la mía! Cojo el vuelo de las ocho de la mañana. Si todo va bien, supongo que llegaré sobre las tres, más o menos. ¿Estás segura de que podrás ir a recogerme? Porque puedo ir en taxi hasta mi casa.
Claro que iré a recogerte, no hay ningún problema.
Perfecto, gracias.
No hay de que, para eso estamos las amigas. No te olvides traer el regalo del amigo invisible. Supongo que no querrás tener que ir a hacer compras de última hora ¿verdad?
Me conoces bien, sabes que odio las aglomeraciones. No te preocupes, el regalo ya está en mi maleta. Pero gracias por recordármelo.
Bien, entonces hasta mañana. Estoy deseando verte.
Lo mismo digo. —Sonrío. Tengo muchísimas ganas de verlos a todos. Si, a todos. Pero especialmente a esta loca que se ha convertido en alguien muy especial en mi vida.
Hasta mañana entonces.
Hasta mañana Rebeca.
Después de la conversación con mi amiga, reanudo mi trabajo y, el resto del día pasa volando. Cuando me quiero dar cuenta, son casi la siete de la tarde y aquí sigo, en mi despacho, guardando en un archivo las ventas del último trimestre para irme. Llego a casa agotada, pero contenta porque este par de horas de trabajo extra, me ha permitido dejar todo organizado y, que no quede nada pendiente. Si, hoy sin ninguna duda, ha sido un día muy productivo.
Más tarde, después de haberme cerciorado de que mi equipaje está correcto y, de que el regalo del amigo invisible está dentro de mi maleta, me meto en la cama. Aunque no sé para qué. Porque sabiendo que pasado mañana en la fiesta de D&D, voy a volver a ver a Daniel, estoy completamente segura de que no podré pegar ojo. Hace horas que los nervios y la ansiedad han decido instalarse en mi cuerpo y, no me abandonarán hasta que esté de regreso. Me muero por verlo...






9 comentarios:

  1. Ainsss a esta chica no hay quien la entienda: bebe los vientos por Daniel pero no para de darle desplantes y de hacer ver que no le importa nada. Espero que para cuando se decida a mostrar sus verdaderos sentimientos no sea tarde...

    Nos vas a matar de incertidumbre, Virginia!! jajajjaa.

    Besos!!

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    1. La verdad que no Julia, la pobre está muy perdida, esperemos que su comportamiento no le pase factura!!
      Gracias besin :))

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  2. Estoy con Julia esta mujer está loca de atar. Que se agarre al cuello de Daniel y no se suerte.
    Un besillo.

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    1. Es lo que tiene tener tantas dudas y no confiar María!!
      Gracias bessin :))

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  3. Jajaja como nos tienes desconcertadas como Olivia . Algo va a pasar con el amigo invisible. Un abrazo Virginia

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    1. Tengo que desconcertaros María del Carmen ajajjaja Algo pasará eso seguro, pero como siempre, yo ni mú!! jajajaja
      Gracias besin :))

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  4. ¡Hola! Me ha encantado la entrada, soy nueva en blogger, así que me encantaría que te pasases por mi blog literario para ver qué te parece y si te gusta, quédate porfa. http://tintasobrepapelmojado.blogspot.com.es/

    Un beso y muchísimas gracias.

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    1. Muchas gracias, bienvenida a este mundo de locos!! jajjaja Me pasaré :)
      Saludos!!

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  5. Dos meses y parece que todo siga igual, ains... de verdad que no sé que le pasa.
    Me da hasta un poco de pena Daniel, espero que finalmente logren comprenderse.

    Besos, :)

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